A comienzos del siglo XIX Santander vivió una etapa de cambio similar por su importancia, a la que afronte en la actualidad. La ciudad se convirtió entonces en sede de los veraneos de la burguesía y la realeza española. Era el momento de crecer de expandirse de aprovechar la oportunidad para buscar y cumplir sueños. Una época de oro que trajo consigo nuevos desarrollos urbanos, nuevas vías de comunicación, la creación de nuevos barrios, de nuevos servicios para vecinos y visitantes.
Santander afronta ahora, de nuevo, un momento de cambio y evolución, de creación de nuevos escenarios físicos y virtuales para impulsar el crecimiento de una ciudad que tiene en la innovación y en la cultura los ejes de su desarrollo a medio y largo plazo.
 

La ciudad se acerca aún más al mar con la apertura de nuevos espacios en su frente marítimo con el Centro Botín como baluarte. Epicentro de una revolución urbana en la línea del agua que conforma un nuevo paseo marítimo desde la entrada de la ciudad hasta el inicio del primer arenal.

El denominado Anillo Cultural del centro de la ciudad se suma a esta corriente de cambio con nuevas dotaciones puestas en valor con el fin de aumentar la oferta, enriquecer las opciones de los visitantes y como consecuencia de la ciudad.

Santander se reinventa para aumentar la calidad de vida de los ciudadanos con infraestructuras y nuevos servicios adaptados a nuevos tiempos. Adelantándose al futuro, la ciudad se ha convertido en un laboratorio urbano con miles de sensores desplegados por el espacio urbano, que facilitan la investigación de la comunidad científica para crear y abrir nuevas posibilidades y servicios enfocados a los ciudadanos, a la administración y a las empresas.

La ciudad tradicional y elegante es también ahora una ciudad  inteligente de vanguardia, que arriesga e innova, que apuesta por la tecnología para hacernos la vida un poco más fácil con más y mejores servicios que abarcan el ámbito turístico, cultural, comercial, los transportes y la gestión municipal en diferentes vertientes.

La gastronomía es una de las principales señas de identidad de esta tierra donde la materia prima local es sinónimo de éxito. Santander ha logrado un puesto destacado en el ámbito de la restauración con una reconocida y variada oferta en la que saborear la cocina más tradicional o la más vanguardista, pero siempre con sello de calidad.

Santander es una ciudad perfecta para ir de compras. Su accesibilidad y concentración de espacios comerciales ofrecen una sencilla manera de disfrutar de la plural oferta que muestran los negocios de moda, de gastronomía, de artesanía antigüedades o souvenirs.

La fina arena de 5 kilómetros de playa, una brisa marina que envuelve toda la ciudad, el olor a salitre y el ambiente limpio que proporcionan los 3,5 millones de metros cuadrados verdes con que cuenta la ciudad son los avales que justifican la calidad de vida que se disfruta en Santander.

En permanente contacto con la naturaleza desde El Sardinero con largas playas y miradores hasta la Península de la Magdalena, pasando por los numerosos parques que alojan la ciudad, dotan a la villa de paisajes y visitas inigualables.

Además de una ciudad para ser paseada, Santander es, por su enclave estratégico, un lugar único en el que practicar todo tipo de deportes como el golf en el Campo municipal de Mataleñas, disciplinas urbanas en el Parque de Las Llamas o deportes acuáticos como el surf o la vela que tan grandes momentos ha dejado a la ciudad, cantera de regatistas de elite y sede del Mundial de Vela 2014.